Tras el descansillo siestero el tiempo apremiaba y nos dirigimos hacia nuestro siguiente destino
Tras el descansillo siestero el tiempo apremiaba y nos dirigimos hacia nuestro siguiente destino, Ávila.

Nuestro paso por Ávila fue frugal pero no por ello dejó de ser sustancioso y agradable. Nos dirigimos directamente hacia el casco antiguo y nos adentramos sin miedo en su fantástica muralla. Allí nos encontramos un genuino mercado medieval con sus harapientos mendigos, jolgoriosos juglares y sobre todo bellas vendedoras de las que quedar prendado y si no preguntadle al Largo que le pidió rollo a una.
La noche se echaba encima y decidimos partir hacia Salamanca, ciudad cultural por excelencia, cuna de estudiantes y amante de singulares fiestas.

Busca al Eve en el mercado medieval de Ávila

Fue arduo el camino hacia Salamanca, el alambique se lesionó de gravedad, una contractura en la quinta marcha hizo reducir nuestra velocidad crucero a un la discreta velocidad de 80-90 km/h aunque no fue impedimento para continuar nuestro viaje disfrutando más si cabe de los preciosos parajes que el recorrido nos deparaba.

Ya en Salamanca dejamos el alambique en un parking, nosotros salimos en busca de un lugar donde pernoctar y tras alguna dilación nos alojamos en una maravillosa pensión con balcón a la Plaza Mayor. Nuestra habitación tenía un baño y tres camas, dos de 90 y una de matrimonio. Las camas fueron asignadas por orden de astucia el primer día (el Tito y el Jose la de matrimonio, el Largo y el Eve las de 90) y el segundo día la fuerza desbancó a la astucia.

Foto desde la habitación donde  el Largo arrojaba magdalenas contra la población

El Tito fue el primero en visitar al Señor Roca y salir del mismo retozando de felicidad:
- ¡Uyyyyy! ¡Qué cómodo es el “trono”!! ¡Puedes apoyar la cabeza en la pared del frente relajadamente mientras estás en tus obligaciones!!!!
- Tienes razón Tito, tiene que ser lo mejor- asentimos a coro.
Mientras unos nos duchábamos otros preparaban sandwiches de lo que quedaba y el Toñín descubrió el valor arrojadizo y consecuentemente bélico de unas tiernas y aparentemente inofensivas magdalenas. Tan pronto volaban fugaces por el balcón como las veías cómo se dirigían lenta pero inexorablemente hacia tu cara.
Una vez duchaditos y aseaditos, unos más que otros (el Jose se “perfuma” el pelo y las manos), nos fuimos de jarana en busca de alcohol que desinfectara nuestras heridas mentales y lo encontramos a precio de fábrica, hablamos con unas relaciones públicas que nos llevaron a un garito que vendía los CUBATAS A 1.50 euros!!!, eso sí que son precios competitivos!!!

Después de vagar durante un par de horas encontramos una bonita iglesia y un mullidito césped que debió atraer fuertemente al Largo ya que se tumbó y empezó a dar vueltas sobre la hierbecilla, al parecer le hacía cosquillas. Total, ya que estaba pues le hicimos montón y no sabemos muy bien por qué pero se picó un poquillo, decía que no podía respirar, que si le hacíamos daño que si no se qué. Cuando ya le habíamos soltado le empezaron a dar arcadas (iba como un topillo) y el muy malvado y vengativo nos perseguía para intentar potarnos encima, no tiene corazón...

Al final se le pasó y pudimos ir a por un bocata antes de planchar nuestras orejotas.