Fue arduo el camino hacia Salamanca, el alambique
se lesionó de gravedad, una contractura en la quinta marcha hizo reducir nuestra
velocidad crucero a un la discreta velocidad de 80-90 km/h aunque no fue
impedimento para continuar nuestro viaje disfrutando más si cabe de los
preciosos parajes que el recorrido nos deparaba.
Ya en Salamanca dejamos el alambique en un parking, nosotros salimos en busca de
un lugar donde pernoctar y tras alguna dilación nos alojamos en una maravillosa
pensión con balcón a la Plaza Mayor. Nuestra habitación tenía un baño y tres
camas, dos de 90 y una de matrimonio. Las camas fueron asignadas por orden de
astucia el primer día (el Tito y el Jose la de matrimonio, el Largo y el Eve las
de 90) y el segundo día la fuerza desbancó a la astucia.
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Foto desde la habitación donde el Largo arrojaba magdalenas contra la población |
El Tito fue el primero en visitar al Señor Roca y salir
del mismo retozando de felicidad: - ¡Uyyyyy! ¡Qué cómodo es el “trono”!! ¡Puedes apoyar la cabeza en la pared del frente relajadamente mientras estás en tus obligaciones!!!! - Tienes razón Tito, tiene que ser lo mejor- asentimos a coro. Mientras unos nos duchábamos otros preparaban sandwiches de lo que quedaba y el Toñín descubrió el valor arrojadizo y consecuentemente bélico de unas tiernas y aparentemente inofensivas magdalenas. Tan pronto volaban fugaces por el balcón como las veías cómo se dirigían lenta pero inexorablemente hacia tu cara. |
Después de vagar durante un par de horas encontramos una
bonita iglesia y un mullidito césped que debió atraer fuertemente al Largo
ya que se tumbó y empezó a dar vueltas sobre la hierbecilla, al parecer le
hacía cosquillas. Total, ya que estaba pues le hicimos montón y no sabemos
muy bien por qué pero se picó un poquillo, decía que no podía respirar,
que si le hacíamos daño que si no se qué. Cuando ya le habíamos soltado le
empezaron a dar arcadas (iba como un topillo) y el muy malvado y vengativo
nos perseguía para intentar potarnos encima, no tiene corazón...
Al final se le pasó y pudimos ir a por un bocata antes de planchar
nuestras orejotas.