Una vez sanitos

Una vez sanitos, a salvo y sequitos nos dirigimos a buscar una pensión. La verdad es que tuvimos mucha suerte, encontramos un albergue internacional un poco alejado del centro de Oporto pero justo en la desembocadura del Duero.
Dejamos nuestras cosas en la habitación y salimos a la terraza donde nos unimos a unos vascos que se estaban pimplando una botella de Eristoff, nosotros también sacamos la bebida que nos quedaba, nos preparamos unos espaguetis y conocimos a una murciana y a una italiana. Esta italiana merecería un capítulo a parte, estaba buena pero no por eso. No existe palabra castellana que defina a aquella italiana, sería una mezcla entre manipuladora, vaga, atractiva, pedidora, conseguidora...
Pidió tabaco toda la noche, pidió bebida, pidió que los demás pidieran por ella, pidió, pidió y pidió y lo fascinante es que fue imposible decirle que no. Sabíamos que éramos manipulados, pero no podíamos librarnos de aquella subyugación, y una y otra vez ella pedía y los demás concedían.
Pues eso, estábamos tomándonos nuestras copillas y como no podíamos estar ya mucho tiempo en la terraza para no molestar a la gente del hostel decidimos coger un coche, sí uno sólo para los nueve y nos fuimos a Oporto a seguir con la fiesta. No había nadie pero ahí estuvimos bebiendo cervezas hasta que nos largaron. Volvimos en el coche y la italiana entre tanta apretura terminó en el regazo del Jose, menos mal que mantuvo la calma porque si no, en palabras del Jose, hace el coche descapotable. Todavía estuvimos un rato de habitaciones pero nos echaron la bronca y cada mochuelo a su olivo.

Esta foto salió oscura, pero gracias a los avances de la fotografía digital, podemos distinguir claramente al Tito, al Largo y al Jose

 

Día 4:Oporto- Oporto

Señor con bigote en las bodegas Grahams

Era el día de visitar Oporto, de destapar sus esencias, de probar su vino de Oporto, su paté al Oporto, de adentrarnos en las entrañas de una ciudad en la que una atmósfera personal te invade. Nuestro plan era claro, dirigirnos sin mayores dilaciones a las tan famosas bodegas y degustar los licores que allí se nos ofrecieran. Éstas se encontraban en la parte alta de Oporto y desde allí se contemplaban unas fantásticas vistas de la ciudad. Tras alguna duda escogimos las bodegas Graham en las que nos explicaron, en portugués, el proceso de elaboración del vino, la fermentación, los distintos tipos de vino de Oporto, sus sabores y colores y al final nos ofrecieron la degustación de algunos de ellos.
Contentos y felices salimos de las bodegas Graham pero queríamos más, nos dirigimos a las bodegas Kopke que por lo visto eran de las más antiguas, eran más cutrecillas pero la chica que nos explicó, esta vez en castellano nos dejó embelesados además de que nos dio unos vinillos que estaban de lujo.