La dicha nos hinchaba de tal manera que sólo quedaba encontrar un lugar apacible donde comer en un ambiente sosegado

La dicha nos hinchaba de tal manera que sólo quedaba encontrar un lugar apacible donde comer en un ambiente sosegado. No pudimos ir a parar a mejor sitio, encontramos un barcillo donde en un principio no había manera de entenderse pero al final resulta ser que la gastronomía es uno de esos fantásticos lenguajes que son universales y nos dieron el mejor plato combinado de todo Portugal: costillas de cerdo con arroz y patatas. Allí no quedó ni zarrapitas, además el ambiente familiar era manifiesto, era el cumpleaños de algún propietario y lo estaban celebrando con toda la familia, hasta nos invitaron a la tarta de cumpleaños.
Si la satisfacción se puede medir, nosotros dábamos 1000. tras el descansillo en un parquecillo queríamos visitar el casco viejo de Oporto y como el Evelio es un incompetente se metieron por unos angostos vericuetos, calles estrechas, hierbajos a ambos lados, ropa tendida a pie de calle... en cualquier momento nos paran y nos atracan. De hecho llegamos a un punto sin salida y tuvimos que dar marcha atrás y volver por donde habíamos venido. No faltaron gritos del tipo: como nos paren nos dan por culo!!! Joder Evelio, date prisa Ostia!!!
Por suerte no pasó nada reseñable y atroz, además si lo piensas fríamente los que deberíamos dar miedo éramos nosotros: un coche del año la polka que perfectamente puede ser robado, un conductor rojo, un melenudo enorme durmiendo donde el copiloto y dos indigentes dando voces en los asientos traseros con un almohadón de matrimonio....

El Atractivo Jose posa para nuesta página web

Finalmente conseguimos salir del atolladero y por causas de azar llegamos al casco viejo de Oporto. Allí vimos un montón de cosas y una catedral. Oporto no es una ciudad cualquiera, Oporto es una ciudad singular. En nuestra expedición tuvimos la fortuna de poder adentrarnos en las entrañas de una ciudad en la que la atmósfera te invade. Una densa sensación aturde tus sentidos, pequeñas manchas de modernidad en un ambiente sucio, descuidado, barriobajero, tráfico cochambroso y caótico y que contra cualquier tipo de predicción daba como resultado como a escondidas una terrible sensación de bienestar: gente que sabe dónde está, con una conciencia de sí mismos que hace de Oporto una ciudad distinta, una ciudad con personalidad.

Estación de Porto

La tarde llegaba a su fin y nos dirigimos al Hostel a preparar la cena, probabilidad de 100 a 1 de ser pasta. Ya nada interesante parecía ofrecernos este día, el Jose se estaba trabajando a la italiana mientras los pelaos del Antonio, el Eve y el Tito miraban la desembocadura del Duero desde la terraza con cara de apatía y aburrimiento. Algo había que hacer así que decidieron bajar a la orilla y dar un paseo mientras el Jose se quedaba picando piedra.

La noche silenciosa y tranquila nos desafió.
-Podíamos cruzar el Duero dijo el tito a modo de coña y el Eve que nunca a sido muy bueno a la hora de distinguir los dobles sentidos: - Oye, qué idea tan buena, vamos!!!
Dicho y Joder hasta que se hizo...
Primero hubo que coger prestadas unos tablones de una obra que serían nuestros remos, después romper una cadena para liberar a una barca que estaba presa y tenía ganas de cruzar el Duero cual pececillo en la noche. Sería conveniente aclarar que la pobrecilla barca era más bien una cáscara de nuez que apenas nos mantenía a flote en las embravecidas aguas del Duero.
Nos pusimos a remar y no había manera de alejarnos de la orilla, las corrientes nos devolvían al punto de partida. Ironías del destino, no supimos interpretar el mensaje del sabio río de oro e intrépidamente nos adentramos en las oscuras aguas pero nuestro rumbo y no parecía estar claro totalmente, dimos unas vueltecillas hasta que enderezamos nuestra marcha. La marea estaba subiendo y nos llevaba hacia el centro de la ciudad, remad fuerte o apareceremos en el puto centro con nuestra barquilla robada!!! Fueron estos unos momentos de una dureza inenarrable. Fijaos si íbamos jodidos que el Largo que iba en la popa y no llevaba tabla remaba con las manos!!!
Cuán grande fue nuestra satisfacción al desembarcar en la otra orilla. De la misma magnitud fue la putada de que para volver al albergue teníamos dos opciones: ir hasta el centro y cruzar allí, lo que suponía unas dos horas de camino, eran las dos de la mañana. La otra opción era ir hasta un puente que cruzaba el río a unos 50 metros de altura y que parecía ser una autopista subiendo por unas callejillas de miedo. Finalmente decidimos coger la autopista. Las callejuelas eran muy estrechas, de escasa iluminación, tanto que el Evelio se acojonó y cogió un adoquín como arma arrojadiza, el Largo y el Tito se reían pero cuando divisamos a lo lejos un grupo de tíos que se nos quedaron o parecían mirarnos, el tito dio media vuelta y empezó a correr como si le hubieran metido algún elemento de grandes dimensiones por el culo, y al que los otros dos no tardaron dos segundos en seguir a toda velocidad.
Tranquilita se prometía loa noche y no resultó ser así. Cuando llegamos a la habitación encontramos al Jose durmiendo sólo y asqueao de la italiana que calentaba pero... Pos nada, todos a dormir.