Día 5

Día 5: Oporto-Braga-Zamora

Braga la ciudad con la media más alta de chicas guapas del mundo

A la mañana siguiente salimos para Zamora parando antes en Braga, que como su nombre bien nos indica está lleno de mujeres, la verdad es que no vimos muchos monumentos antiguos en esa ciudad pero hay que reconocer que tienen una arquitectura viva de la mejor calidad. Aparte de eso algún pervertido compro una revista erótica que estaba censurada. De todas formas eso no fue impedimento para que aquella revista se convirtiera en la excusa perfecta para que algún afortunado rindiera honores a Onán.

Largo fue el viaje desde Braga y el alambique lo acusó, se calentó y hubo que darle agüica pa´ que se enfriara. Ya en Zamora, ciudad que el Largo había prometido no ir en su vida, buscamos una pensión y nos fuimos a cenar unos bocatas y luego de copichuelas por la ciudad.

 La verdad que los garitos estaban bien, las muchachas eran guapas, pero no creo recordar que ligáramos, pero no estoy seguro. Después nos fuimos a nuestras pensiones. El Tito y el José no se acordaban en que piso se encontraban, así que tras probar con la llave en el segundo, subieron al tercero:

-Ostias José, la llave funciona. Vamos a entrar

-Enciende la luz para ver donde están nuestra habitaciones

-Aquí está.....Ostias, yo no recuedo ese florero,

-Ni yo ese butacón, ni el paragüero, ni...Joder!!! Nos hemos confundido

Salimos escopeteados para evitar el posible encontronazo con un padre de familia en calzoncillos y un bate de béisbol en la mano. Bajamos al segundo piso, convencidos de que ahora la puerta abriría, y tras un par de intentos lo conseguímos.

Por otra parte el Evelio, tartugo colorao, y el Largo, chiquitín de pelo rizadillo, compartieron habitación aquella noche. Lo que pasó o dejo de pasar allí nunca nadie lo sabrá (Tal vez los vecinos puedan tener algún indicio por el ruido).

Día 6: Zamora-Castilruiz-Agreda

Aquel día nos levantamos cansados aunque con ganas de divertirnos y lo hicimos (almenos tres cabrones) cuando el Evelio encontró unos chorizos colgaos de los parasoles del alambique. Habían estado toda la noche y parte de la mañana a pleno sol chorreando aceite. Estaban curándose nuestros chorizos cuando el Evelio, con la excusa de que le manchaban el coche y que apestaba a chorizo que mataba los tiró. Luego vimos el Catillo de Doña Urraca y un par de cosillas más y emprendimos el regreso al hogar.

Poco más que decir que un pequeño refrigerio en Berlanga y cómo no una agradable cena en casa del Largo (no fue el eve el que le dijo a la madre del Largo que nos preparara una buena cena a nuestra llegada), ni que decir tiene que tuvo más éxito que los tostones.